sábado 30 de enero de 2010

El culebrón del verano

Arrancamos 2010 con un intento de los cruzados republicanos por defender (nuevamente) las instituciones ante la omnipotencia de la barbarie que pareciera encarnar el elenco presidencial. Con las altas temperaturas del verano sólo queda tomarlos con gracia, aunque dio vergüenza ajena todo esto del affaire Redrado.

El kirchnerismo, muchas veces por torpeza, termina dando carne de comer a buitres de variado pelaje que no dudan en abrazar a lo peor del staff político económico de nuestro país. Los que defienden la institucionalidad levantan a Cobos como garante de la misma, en lo que constituye una tergiversación de cualquier precepto republicano básico. Es una locura galopante que el vicepresidente boicotee constantemente al gobierno del que es parte y no pierda oportunidad para erigirse en líder de la oposición. Ningún país serio, como les gusta decir habitualmente a los editorialistas de La Nación, soportaría una situación de semejante talante.

Redrado, como buen niño mimado por Neustadt, representó los intereses del capital concentrado y de la banca extranjerizante, no se convirtió en lo que hoy muchos K recuerdan a partir de que desoyó las ordenes emanadas de la Casa Rosada. Fue siempre coherente con su formación, orgulloso de sus fotos con Alan Greenspan. Tendríamos que preguntarnos en todo caso porque el gobierno nacional que se auto construye discursivamente como progresista deja en manos de Chicago boys los resortes de la economía nacional, con figuras como Redrado o Amado Boudou (ex cuadro de la UCEDE).

Si continuamos abriendo interrogantes llegaremos al fondo del tema para analizar a un gobierno que se para como “nacional y popular” pero que concretamente es el más pagador de deuda externa. De una manera muy prolija y sin discutir nunca el problema del endeudamiento de nuestra economía, el kirchnerismo en todos estos años destinó grandes sumas de dinero para agraciar a los mercados internacionales. Cacareo desde las tribunas, cumplimiento sumiso con la banca internacional en los hechos.

Estamos en un brete complicado, si uno realiza una lectura positiva de aspectos de la política oficialista es rotulado por aquellos opositores acérrimos (que siempre se llevaron muy bien con la cruz y con los feudos) como kirchnerista y si se critica lo que sea, muchos K te tildan de ser parte de la conspiración que busca derribarlos. Campea un maniqueísmo muy peligroso.

Mientras tanto muchos sectores progresistas prefieren solamente defender lo que hay y empeñados en caracterizar la actual gestión como un gobierno en disputa, terminan enmarañados en la interna pejotista. El panorama lo completamos con un elenco opositor que hace todo lo posible por reagrupar a los sectores neoconservadores y corren al gobierno por derecha: los mismos que se abrazaron con la Sociedad Rural, Clarín y Redrado. Sólo el interbloque de centro izquierda encabezado por Proyecto Sur planteó el debate que correspondía en estos días, sosteniendo la necesidad de investigar el origen de la deuda y discutir su legitimidad. Hay elementos de sobra para dar ese debate que el Parlamento tiene pendiente desde el inicio de la Democracia y también para poner en jaque la idea de autonomía del Banco Central (lo que fue presentado casi como un dogma religioso) modificando su carta orgánica. Se trata de colocar sobre la mesa la matriz neoliberal que todavía perdura y nos somete. El intento sincero del gobierno de Alfonsín con Bernardo Grinspun por investigar la deuda y desafiar al sistema financiero debería ser tomado como ejemplo en los tiempos que corren.