
“- Flaco, voy a votar a Kirchner.”
Entre mate y algunas tazas de té, en una tarde otoñal, fines de abril del 2003. Habíamos votado el 28 de ese mes, mi primer sufragio presidencial con 19 años y ante la posibilidad del ballotage y como militante radical, comunicaba y a la vez pedía permiso a quien me enseñó las mejores cosas y los aspectos más fundamentales de la política, mi intención de votar por la fórmula del FPV. Barajábamos en esa mesa alternativas de una Argentina convulsionada. Durante la misma semana vendrían luego los debates en la Juventud Radical sobre qué hacer ante el escenario electoral que se avecinaba, varios no votamos a los candidatos del partido salidos de una vergonzosa interna manchada por el fraude, algunos optamos abiertamente por la dupla del ARI, no fiscalizamos y unos meses antes habíamos visto con una sonrisa adolescente la posibilidad de que Osvaldo Álvarez Guerrero sea pre candidato. Las posturas se dieron entre los que pensaban votar en blanco y no hacer nada, y otros creíamos que ante la rata riojana había que optar por ese ignoto candidato. Al escribir estas líneas recuerdo que tiramos la posibilidad de salir a realizar pintadas contra Menem, no a favor del FPV pero si contra quien representaba la humillación de nuestro país, que lo más importante era decirle NO, que estaba en juego un debate cultural de hacia dónde queríamos ir. Los que se negaban a votar por Kirchner, repitieron su negativa sosteniendo, paradójicamente, que se debía realizar campaña por la positiva.
Fue uno de esos tantos debates que quedan en la nada, la rata no se presentó al ballotage, Kirchner termina ocupando el sillón presidencial un 25 de Mayo y sorprendiéndonos gratamente con su discurso de asunción, el llamado a cadena nacional por la Corte y la anulación de las leyes de impunidad. Luego los vaivenes de gobernar.
No creo en las casualidades, me tome unos días para escribir ante el fallecimiento de Néstor Kirchner y la postal de esa charla, una de tantas tardes con el flaco, regresa con cariño. Sostengo que no creo en lo casual porque de quien hablo terminó compartiendo no sólo las fuerzas de militar, el sobrenombre sino el mismo proyecto político con el “flaco lupín” que acaba de fallecer. Con el devenir de los acontecimientos me iba sorprendiendo (y no tanto) por su toma de postura a favor del gobierno nacional, a mí no me dejaban de hacer ruido las contradicciones del “proyecto”, esas que tan bien definió Mempo Giardinelli como “su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso”. Por distintos motivos nos fuimos alejando del partido.
Pero algo fundamental cambio en nuestro país luego del debate por la 125 y el conflicto con las entidades agrarias. Nos encontramos en esas plazas en defensa de la ley de medios de la democracia y recordé el momento en que le escribí, citando al gran poeta de Úbeda, “cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo”.
Cómo no decir que lloré alegremente en esa madrugada, junto con varios de los que hoy son orgullosamente mis compañeros de militancia, ante la aprobación del Matrimonio Igualitario. Y cómo se puede ser tan miope de no reconocer que los pasos dados en la formulación de una Argentina más justa e igualitaria se deben en gran parte a la etapa histórica abierta en mayo del 2003. Con grandes contradicciones y debilidades, aquellas que me impidieron acompañarlos con mi voto durante estos años.
Ante el fallecimiento de Kirchner se me generaron grandes dudas e incertidumbres. Estamos ante la necesidad de re pensar lo colectivo y de encontrar canales con nuevas herramientas políticas que permitan conducir los diferentes flujos y sostenerlos realmente con organización en el tiempo. Pero no tengo dudas que muchos nos hallaremos con viejos amigos en nuevas síntesis políticas que deberemos construir entre todos.








2 comentarios:
Gran post pibe (digo, no sabía que eras tan joven)
Amigos míos radicales, sufrían horrores porque iban a votar a Kirchner el ballotage, no te das una idea lo que agradecieron que el innombrable se bajara.
Sobre la segunda parte, muy interesante la reflexión y tus vivencias
Salutti
Muy buen post.
Me queda en el tintero las razones que tuvo NK para enriquecerse como lo hizo siendo Presidente.
Una deuda pendiente con la democracia que lo pone en un lugar muy distinto de Alfonsin, Ilia, Yrigoyen o Alvear.
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