
Hay varios puntos sobre los cuales vale la pena hacer referencia. Brevemente, lo de Julio Cleto Cobos no sólo es lamentable, patético e hipócrita sino que llega a grados de cinismo institucional pocas veces visto. Que los defensores de la tan mentada institucionalidad, discurso que siempre me hace ruido porque enarbolan una especie de republiqueta vacía de contenido social e ideológico, defiendan a un vicepresidente opositor constituye una escena digna del sketch del dictador bananero de Alberto Olmedo. Es insostenible defender sus votos, sea cual sea el debate que se de en el Senado Nacional, porque Cobos no es un senador sino el representante del Poder Ejecutivo en la Cámara Alta del Parlamento como lo determina el sistema de frenos y contrapesos entre los distintos poderes del Estado, definido por nuestra Constitución Nacional. Dice el constitucionalista Roberto Gargarella, aclarando las limitaciones propias de este sistema por basarse en un concepto pobre de democracia fijado desde la concepción clásica del liberalismo político, sobre los contrapesos:
“la idea que anima esta propuesta es impedir los excesos o abusos de un poder sobre el otro, garantizando a cada uno de ellos un “poder defensivo”, que les permita poner límite a los posibles (y previsibles) avances de los restantes órganos de poder. Con tales objetivos en mente se creó, por ejemplo, la institución del veto presidencial”[1]
Gargarella sostiene que uno de los principales beneficios del sistema radica en que contribuye al enriquecimiento normativo ya que los distintos actores del sistema se encuentran obligados a tener en cuenta las posibles objeciones del resto de los jugadores modificando así las propuestas originales. Con el 82% no hubo la menor intención de lograr esta sana forja legislativa, porque desde un principio el único objetivo político de varias bancadas fue buscar el veto presidencial, contando con que uno de los frenos constitucionales (el vicepresidente) se encuentra viciado en su naturaleza.
Es todo parte de esa postal política que reproduce una lógica binaria al formular una antinomia falsa que anula cualquier tipo de gama de grises. Y en esto tiene responsabilidad tanto el gobierno nacional como los sectores opositores que juegan al desgaste presidencial, ya que las mejores medidas que se han dado en los últimos tiempos, como el Matrimonio Igualitario, fueron posibles por un corte transversal y una diversidad política que sirvió de sustento fundamental en el debate social y legislativo abierto. El 82% fue un juego a todo o nada, la mayoría de la oposición buscando que los K salgan heridos, y el oficialismo no dando el brazo a torcer en la compulsa. Habría que preguntarse qué hubiera pasado si el FPV, actuando inteligentementen apoyaba el 82% pero aclarando las vías de financiamiento como corresponde, colocando nuevamente los aportes patronales a las grandes empresas y gravando la renta financiera. No pudo o directamente no tuvo la menor intención de abrir ese debate.
Pero la oposición mucho menos, ya que es impensable sostener que a Pinedo, De Narvaez, Macri, Rodríguez Saa o Aguad les interesa realmente el bienestar de los jubilados porque no tocarían nunca los privilegios de los sectores de la economía concentrada en favor de los que menos tienen. Y debe quedar bien en claro que este debate es posible porque se terminó con el negocio bochornoso de las AFJP recuperando el dinero de las jubilaciones en manos del Estado Argentino: los que se opusieron a la estatización de las AFJP no pueden hoy venirnos a hablar de mejoras para los jubilados. Son innegables los avances dados en esta materia con los millones de nuevos jubilados que fueron introducidos al sistema solidario y que no sólo cuentan con un ingreso sino con una obra social que hasta hace poco no poseían.
También es cierto que esto no alcanza, debemos avanzar en un ingreso universal a la vejez fijado por ley y en el 82% móvil con un sustento real de financiamiento pero esto no se logra dándole pasto de comer a la derecha, otorgándole legitimidad social. Los que juegan con estas peligrosas cartas no se dan cuenta que de esta forma no arman una alternativa superadora a un gobierno que tiene muchas limitaciones y contradicciones, están en realidad alimentando espectros que nos conducen a las años más humillantes de nuestra historia.
[1] Gargarella, Roberto. Crítica de la Constitución, sus zonas grises.








1 comentarios:
Nicéforo, tanto tiempo! Cómo va? Che, hace rato que tenía la página guardada, y ahora con más tiempo en vacaciones, he podido leerla. Me queda picando un poco una frase tuya, que es la siguiente: “Que los defensores de la tan mentada institucionalidad, discurso que siempre me hace ruido porque enarbolan una especie de republiqueta vacía de contenido social e ideológico, defiendan a un vicepresidente (...)”.
De onda, ¿realmente te parece que la institucionalidad implica una republiqueta vacía de contenido social e ideológico? ¿La división de poderes te parece aséptica? ¿O creés que debe ser como el sistema venezolano en que se sostiene por estos tiempos desde la propia Corte Suprema que debe regir la unidad de poderes, para que el Presidente pueda enfrentar al capitalismo burgués? ¿No te parece que en democracia las formas son también parte del fondo, en tanto condiciones que la permiten? ¿O preferís elegir un monarca cada 4/8/12 años? ¿O preferís una plutocracia vitalicia?
Raúl, por favor... Un poco de prudencia. Entiendo que quieras defender al gobierno, que tenés un balance positivo de la gestión, que creés que hay que seguir este modelo, que ves gente mala fuera del oficialismo, pero no por eso se te tiene que nublar tanto el juicio como para claudicar desde el discurso respecto a la defensa de las instituciones democráticas. En el sistema en que la institucionalidad es más importante es justamente en el sistema democrático.
Un abrazo grande, éxitos para este 2011.
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