jueves 17 de septiembre de 2009

La Ley de la Democracia

El resultado arrojado ayer a la noche por la Cámara de Diputados de la Nación brinda motivos más que suficientes para aplaudir de pie y estar alegre ante lo que sin ninguna duda es un avance increíble de la democracia argentina. La nueva Ley de Servicios Audiovisuales viene a reemplazar uno de los tantos resabios de la dictadura genocida que desgraciadamente sobrevive de manera cotidiana desde múltiples planos.

El proceso de represión cultural llevado a cabo a partir de 1976 fue culminado por la degradación y la entrega total perpetrada por el menemato. De esta forma la concentración de medios (que la nueva ley viene a corregir) posibilitó la colonización mental de nuestro pueblo. Mientras la patota liberal de la UCeDe aniquilaba conquistas sociales producto de las luchas populares de miles de argentinos, los pulpos mediáticos crecían despro- porcionadamente al amparo del poder y las voces críticas al pensamiento único neoliberal no encontraban lugar alguno para expresarse. Los “medios independientes” tenían únicamente espacio para la frivolización estupidizante de la mano de figuras como Tinelli y Susana Giménez.

Ayer en el Congreso quedo demostrado que aquellos críticos feroces buscan únicamente defender los intereses de los monopolios anulando la discusión. Lamentablemente muchos diputados terminaron corriendo detrás de la derecha al levantarse de sus bancas, en una maniobra que intentó boicotear el debate y la sanción de una ley producto de 26 años de esfuerzos por democratizar los medios de comunicación.

Debemos dejar en claro que los postulados históricos no pueden opacarse y menos traicionarse por la mera coyuntura política. Y que no es perdonable que se mancille el nombre de aquellos que incasablemente defendieron la causa de los más desposeídos. El Régimen enfrentado con armas en mano por Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen esta representado hoy por los directorios del capital concentrado y las corporaciones económicas que quieren impedir la construcción de una patria libre y soberana.

Hay que ser ignorante o perverso para sostener que el poder se encuentra en quien momentáneamente ocupa la Casa Rosada y no apuntar los cañones a los conglomerados financieros que digitan la vida de las naciones. Los representantes del pueblo que tienen intenciones de que esta ley no salga están al servicio de intereses perniciosos para el conjunto de la ciudadanía y es bochornosa su condición como empleados fieles de las corporaciones cuando deberían guiarse por los inagotables postulados emancipadores brindados a lo largo de décadas de luchas.

Voy a permitirme citar las palabras de Manuel Ortiz Pereyra, uno de los fundadores de FORJA, que resuenan con fuerte actualidad aunque sean de 1930, tiempos en los que la diputada Giudici no había nacido: “Cada diario de los grandes que aquí aparecen se llama independiente y hace lo posible por convencernos de su equidistancia de los partidos políticos. Pero todos coinciden en un solo objetivo: desconcertar a los radicales. Y hay radicales que por causa de leer diarios, ansiosos de informarse, llegan a no saber en qué calle viven”

Aún así la política en estos últimos tiempos esta recuperando su papel relevante a partir de que se empiezan a discutir nuevamente asignaturas pendientes que no casualmente fueron acalladas. Es necesario ir por más, planteando profundizar el rol del estado, la nacionalización de los hidrocarburos, la redistribución del ingreso. La nueva ley de medios es un paso en esa senda y abre un panorama auspicioso, mientras esperamos que sea sancionada por la Cámara de Senadores la democracia se encuentra de fiesta.

sábado 5 de septiembre de 2009

Clarines en pie de guerra

Corren buenos tiempos,
buenos tiempos para la bandada
de los que se amoldan a todo
con tal que no les falte de nada.

Tiempos fabulosos,
fabulosos para sacar tajada
de desastres consentidos
y catástrofes provocadas…
J .M. Serrat

El bombardeo mediático al que estamos sometidos se acrecienta desproporcionadamente a medida que se acerca, con cada hora que transcurre, el tratamiento de la Nueva Ley de Radiodifusión. Escuchamos por estos días a una indignada Patricia Bullrich bramando en defensa del “periodismo independiente” y leemos los titulares estridentes de los diarios que nos alertan ante el avance de un supuesto “chavismo” patagónico en su intento de controlar la prensa. Se percibe en sus editoriales el nerviosismo que recorre los pasillos de los grandes grupos concentrados.

Y es jodido tener que aclarar que por defender una medida como la nueva Ley de Servicios Audiovisuales uno no es kirchnerista ni mucho menos. Porque grandes sectores de la oposición confunden libertad de prensa con libertad de empresa y en su intento de diferenciarse del oficialismo terminan abrazados a los monopolios y defendiendo asquerosamente sus intereses. Muchos de los que hoy se paran enfrente de la nueva ley atacándola ferozmente podrían estar acompañándola con su voto y mejorándola notablemente pero prefieren, como en el tema del cantautor catalán, sacar tajada de desastres consentidos.

Las críticas desmedidas hacia el kirchnerismo están centradas en los aspectos más valientes de una gestión que no busca transformar la sociedad en el marco de un proyecto de poder popular pero que aún así termina colocando en la arena pública el debate de una serie de cuestiones fundamentales para la profundización democrática de la Nación.

Si salimos de la miopía generalizada tenemos que entender que los procesos históricos nos acostumbran a vericuetos laberínticos en los que muchas veces se avanza por los senderos menos esperados. Y ese es el barro de la historia donde la política transcurre, complejo, contradictorio, gris. Tan lleno de miserias como de gestos heroicos multiplicados anónimamente. Quienes nos quieran vender panfletariamente otra realidad sólo son movidos por una visión mesiánica y maniqueísta de lo político que no contribuye en lo más mínimo a la consolidación democrática.

El espíritu de la ley esta sustentado en los 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática y es cierto que también presenta aspectos controvertibles como el papel que jugarían las telefónicas en la re diagramación del mapa mediático, lo que en todo caso da más elementos para presentar el debate ante una normativa vetusta que sobrevive desde la última dictadura militar.

Nadie puede poner en duda el papel fundamental que juegan los medios de comunicación en nuestras sociedades contemporáneas como representantes de poderes titánicos. Ahí tenemos a la CNN como extensión corpórea del Imperio o a un previsor Bartolomé Mitre que funda y deja como su mejor heredero y abogado al aristocrático Diario La Nación.

Los poderes concentrados no han dudado a lo largo de nuestra historia en desestabilizar gobiernos populares y aplaudir fervorosamente cada asonada militar, como la campaña de desprestigio que sufrió Arturo Illia llevada por variados medios de prensa y periodistas “independientes” que luego terminarían redactando comunicados militares. Clarín y la Sociedad Rural son dos caras del mismo poder concentrado que mantiene esta sociedad colonial de privilegios y diferencias vomitivas. Queda únicamente dar la bienvenida a un debate que permita ponerles fin a los actores mediáticos que construyeron esta Argentina injusta.