viernes 17 de julio de 2009

Gataflorismo Cívico

Reclamaron una y otra vez hasta el cansancio “diálogo y consenso”, sosteniendo que este gobierno era “autoritario” y llegando a comparar al matrimonio presidencial con Nicolae Ceauşescu, por no hablar de la acusación hacia aquellos diputados que acompañaron la estatización de las AFJP de que se trataba de una remake del engaño hacia los judíos llevados a los campos de exterminio: “Yo convoco a toda la oposición y a la Argentina, no sólo a los jubilados sino a sus hijos y a los hijos de los hijos a impedir que el tren salga a Varsovia”. Todas muestras de serenidad, cordura y madurez democrática.

Pero la doctora Carrió y sus “cívicos” rechazan ahora, luego de la derrota K el 28 J, el llamado desde la Casa Rosada para arrancar una rueda de conversaciones bajo el argumento de que el ámbito natural para el diálogo es el Parlamento Nacional. Sus voceras: Patricia Bullrich y María Eugenia Estenssoro.

Las idas y vueltas de Lilita ya no dan para más, no pudiendo terminar de otra forma que con su entierro político luego del tercer puesto obtenido en Capital Federal decidiendo competir por el electorado de derechas con el “carismático” Prat Gay frente a las boletas del ACyS. Pino Solanas recuperó en parte el electorado porteño que acompañaba al ARI cuando Lilita prefería la compañía de Rubén Lo Vuolo antes que el elogio de los tecnócratas liberales.

Los mismos vicios políticos que se le pueden atribuir a los Kirchner fueron reproducidos por Carrió en su armado político: soberbia, personalismo, carencia de lo colectivo, mesianismo, incoherencia ideológica. Ya no quedan dudas de que Lilita renunció a constituir una fuerza de alternativa y cambio.

Sin postulados claros la Coalición Cívica termina aislada en su planteo feroz de oposición absoluta hacia un gobierno al que no reconoce los mínimos aciertos. Al renunciar a la constitución de una izquierda republicana colaboraron en estos años en el avance de las derechas triunfantes bajo el mascarón del PJ. El progreso de los sectores neoconservadores, deslegitimados con la crisis del 2001, debe entenderse por los desaciertos de un gobierno nacional que nunca tuvo la firme intención de avanzar en la profundización de sus mejores aspectos progresistas y por los desvaríos de sectores opositores que no quisieron constituir alternativa al kirchnerismo por izquierda.

El kirchnerismo derrotado se repliega así, con el cambio de gabinete, en el propio peronismo e intenta dar pelea arrinconado políticamente. No concurrir al diálogo propuesto por la Presidenta es minar lo mejor de una administración que terminará devorada -en sus volteretas ideológicas- por las derechas sedientas de venganza. Los sectores concentrados exageraron su oposición a un kirchnerismo que no socavó su poder real. Si patalearon de esta forma sólo queda pensar de lo que son capaces las corporaciones para destruir un proyecto de emancipación real. La historia patria de asonadas militares, desestabilizaciones políticas y golpes de mercado señala lo poco que duda la oligarquía en defender sus intereses de clase.

miércoles 1 de julio de 2009

Efecto coherencia

El avance de sectores neo conservadores en el panorama nacional bajo la restructuración del PJ, luego de conocidos los número de la elección del pasado domingo 28 de Junio, tiene que ser claramente matizado por ejemplos que demostraron el camino que debe ser transitado por las fuerzas progresistas.

En lo personal termine muy contento el domingo a la noche ya que en mi ciudad, Bahía Blanca, el armado del que soy parte, el Frente de Integración Ciudadana con Raúl Woscoff como primer candidato, obtuvo un empate técnico con el PJ a cargo de la estructura municipal. Salimos en el escrutinio provisorio segundos por una diferencia de 0,6%, ganando en 7 circuitos y obteniendo más de 28.000 votos con lo que duplicamos el apoyo obtenido en el 2007. Tendremos que esperar el escrutinio final ante un margen muy estrecho, donde por ejemplo nos encontramos con telegramas mal cargados.

Con gran dolor nos fuimos de la UCR hace unos años, bajo la descalificación de aquellos políticos profesionales que prefieren el atajo de la rosca acomodaticia. Nosotros dimos un no rotundo a una forma de entender la política signada por los intereses personales y la ausencia de planteos ideológicos. Y conformamos esta herramienta donde confluimos radicales, comunistas, independientes, democratacristianos y socialistas. Somos la diversidad bien entendida, bajo la unidad de proyecto.

No puedo disimularlo: da gusto que buena parte de la ciudadanía nos acompañe en esta gesta quijotesca, porque los molinos de viento tienen nombre y apellido en nuestra ciudad. Todos conocemos a esos monjes negros que no ganan elecciones pero digitan nuestras vidas y amasan sus negocios. Frente a ellos nos erigimos como la opción de una sociedad distinta, porque nosotros somos de los que creemos que ya es tiempo de que esas dos viejas hermanas separadas al nacer, libertad e igualdad, vuelvan a caminar juntas (como suele decir Eduardo Galeano).

La comunidad bahiense, en líneas generales, es muy conservadora y por eso mismo surge la obligación de ofrecerle un proyecto realmente transformador para lograr una ciudad más integrada e igualitaria. Pero tenemos que ser conscientes del desafío que se nos abre a partir de ahora y la inmensidad de la mochila que recae sobre nuestros hombros.

El camino transitado valió la pena y el “efecto coherencia”, que posibilitó nuestra victoria contra los aparatos y la prepotencia de un Intendente como Cristian Breitenstein -que concibe una ciudad para pocos y muy similar a Mauricio Macri-, signó también a la Capital Federal de la mano de Pino Solanas. Porque lo logrado por Proyecto Sur y por Integración Ciudadana se asemeja en varios aspectos pero sobre todo en la similitud del combate entre David y Goliat. Pino instaló en el debate temas que demostraron que las ideologías no están caducas ni muertas y enfrentó con hidalguía a la corporación macrista.

El kirchnerismo siempre fue un envase con vencimiento sólo que no sabíamos la fecha. El 28 de Junio marcará los próximos años de nuestra República. Las fuerzas progresistas, en todos los niveles desde lo local a lo nacional, tenemos que actuar con serenidad, prudencia y compromiso para evitar retrocesos de los que luego nos lamentaremos si se llegaran a materializar. La urgencia de crear espacios aglutinadores que quiebren la balcanización actual se presenta como un imperativo de nuestros tiempos. Hay muchos motivos para estar felices pero debemos lograr que la política nuevamente se instale en la mesa cotidiana de cada uno de los hogares para quebrar con aquellas desvirtuaciones que impiden el cabal desarrollo de los preceptos humanitarios y sociales de nuestra democracia. Solamente bajo estas banderas lograremos “la gran revolución democrática, la única que el pueblo quiere y espera”.