Escuche durante la semana al titular de la cartera educativa, Juan Carlos Tedesco, en el nuevo programa de Liliana López Foresi. El ministro de un ministerio sin escuelas sostuvo "espero que los docentes acaben con la cultura del paro". Por momentos parecía la voz de Susana Decibe. Tedesco, como los voceros de gran parte de los medios de comunicación, siguen hablando de la educación y de los paros como si se tratara de una cuestión cuantitativa y no cualitativa: ¿de qué sirve cumplir perfectamente los días de clases durante el año con salarios miserables, contenidos académicos vergonzosos y escuelas destruidas? La visión neoliberal construye consumidores y mano de obra barata para el mercado en vez de ciudadanos democráticos comprometidos. Los Kirchner continúan el camino de la rata riojana y la Ley Federal de Educación.Pero ante cada conflicto gremial escuchamos a funcionarios indignados porque los maestros toman de rehenes a los chicos. Hipocresía pura. Sólo se busca endulzar los oídos de aquellos padres que conciben a la escuela como una guardería y que descomprometidos totalmente de la calidad educativa recibida por sus hijos pegan el grito de alarma cuando sus chicos quedan en casa. Una educación desfinanciada desde la médula. Un país sin proyecto científico y educativo.
La tragedia cultural provocada por el neoliberalismo la estamos viendo recién ahora. Por eso da un poco de asquito escucharlo hablar al senador Filmus como si nunca hubiera sido ministro de Carlos Grosso o jefe de asesores de Susana Decibe durante el menemato.
Cuando se refieren a la educación o a la salud nuestros tecnócratas siguen hablando de “gasto social” y no de inversión como correspondería para aéreas de desarrollo estratégico de una Nación. Para comenzar el año se envió una orden de subejecución de partidas del 20 por ciento para todos los ministerios nacionales menos el de Obras Públicas (¿año electoral?) para lograr pagar los vencimientos de deuda externa a fin de año. Y como si fuera poco se reconoce que por ejemplo en el ministerio de educación, como en otros tantas áreas, quedan recursos sin ejecutar.
Docentes proletarizados, salarios de miseria, vacío presupuestario, carencia de proyección educativa soberana, contenidos paupérrimos. Pero el sr ministro no se avergüenza de este alarmante cuadro sino de la posibilidad de que los gremios hagan valer un derecho consagrado constitucionalmente en el artículo 14 bis.
¿Dónde está el oficialista Yasky? Parece preferir abrazarse a Moyano y dar presente en todos los actos K bajo la promesa de que algún día le darán personería gremial a la CTA cual conejo tras zanahoria (parece que los K no tuvieron tiempo desde el 2003 en firma un simple decreto reconociendo a la otra central de trabajadores)
El problema educativo es complejo. Muchos docentes carecen de la formación adecuada para estar frente a los cursos y transformar a esos chicos en ciudadanos democráticos. Obtienen sus cargos a través de un sistema de puntaje sin concurso público quedándose en sus cargos durante años, la experiencia personal de cada uno al pasar por la secundaria/polimodal confirma la decadencia. Pero son engranajes de una máquina perversa que ofrece cursos privados “de capacitación” lastimosos (negocios) para lograr puntaje y de una formación tercerizada a la que acceden muchas veces porque es una salida laboral segura. No hay jerarquización docente porque no hay proyecto de país. Después los pedagogos se llenan la boca de bonitos conceptos hablando por ahí. Hace unos años el ex rector de la UBA, Jaim Etcheverry, acertó diciendo “estamos siendo educados por una generación que ignora que son ignorantes”
Eric Toussaint en su libro “La Bolsa o la vida” transcribió un documento que la OCDE enviaba a los gobernantes para recomendar políticas de ajuste. En materia educativa decía:
“…la huelga de los profesores no es, como tal, un peligro para el gobierno pero es indirectamente peligrosa puesto que libera a la juventud para que se manifieste…”
“…se puede reducir los créditos de funcionamiento a las escuelas y universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos, pues las familias reaccionarían violentamente a una negativa de inscripción de sus hijos, pero no a una bajada gradual de la calidad de enseñanza y la escuela pública puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución de las familias o suprimir tal actividad…”
“…se puede reducir los créditos de funcionamiento a las escuelas y universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos, pues las familias reaccionarían violentamente a una negativa de inscripción de sus hijos, pero no a una bajada gradual de la calidad de enseñanza y la escuela pública puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución de las familias o suprimir tal actividad…”
Dejamos todo en manos del mercado y hoy la perversidad oficialista reviste sus políticas de saqueo mental bajo ropajes progresistas.












