martes 2 de noviembre de 2010

El Flaco

“- Flaco, voy a votar a Kirchner.”

Entre mate y algunas tazas de té, en una tarde otoñal, fines de abril del 2003. Habíamos votado el 28 de ese mes, mi primer sufragio presidencial con 19 años y ante la posibilidad del ballotage y como militante radical, comunicaba y a la vez pedía permiso a quien me enseñó las mejores cosas y los aspectos más fundamentales de la política, mi intención de votar por la fórmula del FPV. Barajábamos en esa mesa alternativas de una Argentina convulsionada. Durante la misma semana vendrían luego los debates en la Juventud Radical sobre qué hacer ante el escenario electoral que se avecinaba, varios no votamos a los candidatos del partido salidos de una vergonzosa interna manchada por el fraude, algunos optamos abiertamente por la dupla del ARI, no fiscalizamos y unos meses antes habíamos visto con una sonrisa adolescente la posibilidad de que Osvaldo Álvarez Guerrero sea pre candidato. Las posturas se dieron entre los que pensaban votar en blanco y no hacer nada, y otros creíamos que ante la rata riojana había que optar por ese ignoto candidato. Al escribir estas líneas recuerdo que tiramos la posibilidad de salir a realizar pintadas contra Menem, no a favor del FPV pero si contra quien representaba la humillación de nuestro país, que lo más importante era decirle NO, que estaba en juego un debate cultural de hacia dónde queríamos ir. Los que se negaban a votar por Kirchner, repitieron su negativa sosteniendo, paradójicamente, que se debía realizar campaña por la positiva.

Fue uno de esos tantos debates que quedan en la nada, la rata no se presentó al ballotage, Kirchner termina ocupando el sillón presidencial un 25 de Mayo y sorprendiéndonos gratamente con su discurso de asunción, el llamado a cadena nacional por la Corte y la anulación de las leyes de impunidad. Luego los vaivenes de gobernar.

No creo en las casualidades, me tome unos días para escribir ante el fallecimiento de Néstor Kirchner y la postal de esa charla, una de tantas tardes con el flaco, regresa con cariño. Sostengo que no creo en lo casual porque de quien hablo terminó compartiendo no sólo las fuerzas de militar, el sobrenombre sino el mismo proyecto político con el “flaco lupín” que acaba de fallecer. Con el devenir de los acontecimientos me iba sorprendiendo (y no tanto) por su toma de postura a favor del gobierno nacional, a mí no me dejaban de hacer ruido las contradicciones del “proyecto”, esas que tan bien definió Mempo Giardinelli como su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso”. Por distintos motivos nos fuimos alejando del partido.

Pero algo fundamental cambio en nuestro país luego del debate por la 125 y el conflicto con las entidades agrarias. Nos encontramos en esas plazas en defensa de la ley de medios de la democracia y recordé el momento en que le escribí, citando al gran poeta de Úbeda, “cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo”.

Cómo no decir que lloré alegremente en esa madrugada, junto con varios de los que hoy son orgullosamente mis compañeros de militancia, ante la aprobación del Matrimonio Igualitario. Y cómo se puede ser tan miope de no reconocer que los pasos dados en la formulación de una Argentina más justa e igualitaria se deben en gran parte a la etapa histórica abierta en mayo del 2003. Con grandes contradicciones y debilidades, aquellas que me impidieron acompañarlos con mi voto durante estos años.

Ante el fallecimiento de Kirchner se me generaron grandes dudas e incertidumbres. Estamos ante la necesidad de re pensar lo colectivo y de encontrar canales con nuevas herramientas políticas que permitan conducir los diferentes flujos y sostenerlos realmente con organización en el tiempo. Pero no tengo dudas que muchos nos hallaremos con viejos amigos en nuevas síntesis políticas que deberemos construir entre todos.

sábado 16 de octubre de 2010

Cobos, el 82% y el mundo al revés


En el marco de la coyuntura política que nos toca vivir parece que previamente debemos aclarar desde donde y porque estamos sosteniendo cualquier postura, sellar una especie de pasaporte, ya que en esta Argentina binaria automáticamente y sin muchos inconvenientes te colocan un mote de pro kirchnerista o anti K. Y en este sentido vale aclarar que en este caso uno se encuentra a favor del 82% móvil y al mismo tiempo a favor del veto presidencial que realizó correctamente la presidenta CFK.

Hay varios puntos sobre los cuales vale la pena hacer referencia. Brevemente, lo de Julio Cleto Cobos no sólo es lamentable, patético e hipócrita sino que llega a grados de cinismo institucional pocas veces visto. Que los defensores de la tan mentada institucionalidad, discurso que siempre me hace ruido porque enarbolan una especie de republiqueta vacía de contenido social e ideológico, defiendan a un vicepresidente opositor constituye una escena digna del sketch del dictador bananero de Alberto Olmedo. Es insostenible defender sus votos, sea cual sea el debate que se de en el Senado Nacional, porque Cobos no es un senador sino el representante del Poder Ejecutivo en la Cámara Alta del Parlamento como lo determina el sistema de frenos y contrapesos entre los distintos poderes del Estado, definido por nuestra Constitución Nacional. Dice el constitucionalista Roberto Gargarella, aclarando las limitaciones propias de este sistema por basarse en un concepto pobre de democracia fijado desde la concepción clásica del liberalismo político, sobre los contrapesos:

“la idea que anima esta propuesta es impedir los excesos o abusos de un poder sobre el otro, garantizando a cada uno de ellos un “poder defensivo”, que les permita poner límite a los posibles (y previsibles) avances de los restantes órganos de poder. Con tales objetivos en mente se creó, por ejemplo, la institución del veto presidencial[1]

Gargarella sostiene que uno de los principales beneficios del sistema radica en que contribuye al enriquecimiento normativo ya que los distintos actores del sistema se encuentran obligados a tener en cuenta las posibles objeciones del resto de los jugadores modificando así las propuestas originales. Con el 82% no hubo la menor intención de lograr esta sana forja legislativa, porque desde un principio el único objetivo político de varias bancadas fue buscar el veto presidencial, contando con que uno de los frenos constitucionales (el vicepresidente) se encuentra viciado en su naturaleza.

Es todo parte de esa postal política que reproduce una lógica binaria al formular una antinomia falsa que anula cualquier tipo de gama de grises. Y en esto tiene responsabilidad tanto el gobierno nacional como los sectores opositores que juegan al desgaste presidencial, ya que las mejores medidas que se han dado en los últimos tiempos, como el Matrimonio Igualitario, fueron posibles por un corte transversal y una diversidad política que sirvió de sustento fundamental en el debate social y legislativo abierto. El 82% fue un juego a todo o nada, la mayoría de la oposición buscando que los K salgan heridos, y el oficialismo no dando el brazo a torcer en la compulsa. Habría que preguntarse qué hubiera pasado si el FPV, actuando inteligentementen apoyaba el 82% pero aclarando las vías de financiamiento como corresponde, colocando nuevamente los aportes patronales a las grandes empresas y gravando la renta financiera. No pudo o directamente no tuvo la menor intención de abrir ese debate.

Pero la oposición mucho menos, ya que es impensable sostener que a Pinedo, De Narvaez, Macri, Rodríguez Saa o Aguad les interesa realmente el bienestar de los jubilados porque no tocarían nunca los privilegios de los sectores de la economía concentrada en favor de los que menos tienen. Y debe quedar bien en claro que este debate es posible porque se terminó con el negocio bochornoso de las AFJP recuperando el dinero de las jubilaciones en manos del Estado Argentino: los que se opusieron a la estatización de las AFJP no pueden hoy venirnos a hablar de mejoras para los jubilados. Son innegables los avances dados en esta materia con los millones de nuevos jubilados que fueron introducidos al sistema solidario y que no sólo cuentan con un ingreso sino con una obra social que hasta hace poco no poseían.

También es cierto que esto no alcanza, debemos avanzar en un ingreso universal a la vejez fijado por ley y en el 82% móvil con un sustento real de financiamiento pero esto no se logra dándole pasto de comer a la derecha, otorgándole legitimidad social. Los que juegan con estas peligrosas cartas no se dan cuenta que de esta forma no arman una alternativa superadora a un gobierno que tiene muchas limitaciones y contradicciones, están en realidad alimentando espectros que nos conducen a las años más humillantes de nuestra historia.


[1] Gargarella, Roberto. Crítica de la Constitución, sus zonas grises.

jueves 22 de julio de 2010

Una luz para soñar


A una semana de finalizado el debate parlamentario que arrojó el voto positivo de los senadores nacionales a favor del Matrimonio Igualitario, queda en miles de argentinos la satisfacción de una victoria que amplia derechos y brinda por sobre todas las cosas dignidad e igualdad. Se ha dicho reiteradamente que estos logros son los que nos permiten sentirnos orgullosos de nuestro país, y creo sinceramente que en el último tiempo estamos viviendo un cambio de época significativo desde muchos puntos de vista. El Matrimonio Igualitario viene a reforzar así este nuevo paradigma que no es propiedad única del gobierno nacional pero al que, sin lugar a dudas, ha colaborado notablemente en su construcción, moleste a quien le moleste.

De la misma forma este debate permitió la caída de grandes disfraces y discursos ficticios de respeto, diálogo y consenso formulados desde la oposición neo conservadora, en clave corporativo – eclesiástica. Porque el matrimonio entre personas del mismo sexo fue un botón de muestra de lo que realmente estuvo en juego y discusión: por un lado la homofobia de parte de la sociedad argentina (expresada de manera impecable por varios legisladores y representantes de la jerarquía eclesiástica de distintos signos) y la independencia del Estado frente a la Iglesia para formular políticas públicas.

Se trató de una pelea cultural para entender que la diversidad sexual es parte constitutiva de nuestras sociedades, del derrumbe de mitos y prejuicios afincados durante décadas, de poder hablar en primera persona sin necesidad de usar eufemismos de ningún tipo. Ante hechos innegables algunos querían intentar maquillarse de tolerancia, sosteniendo que no había problemas de ninguna naturaleza siempre y cuando todo quede reducido a la vida privada, como si cualquier demostración de afecto debiera ser vergonzosamente acallada. La senadora del Opus Dei lo dejo bien clarito, al sincerar su postura, pronunciándose preocupada “vamos a tener que enseñar qué es ser gay, lesbiana, travesti, transexual”. Tanto Negre de Alonso como Bergoglio y Aguer demostraron por sobre todo grandes miedos, miedo a lo distinto, al otro, al diferente. Su intolerancia quedó desnuda al hablar de supuestas normalidades, planteando todo como una cruzada de características oscurantistas y medievales. A las marchas anaranjadas únicamente les falto la hoguera inquisidora ya que el odio era inmanente en cada una de sus palabras.

Cada uno habla desde su biografía, desde su propia experiencia de vida, y en lo personal es imposible que semejantes discursos de odio me sean indiferentes, y no sólo por ser gay sino como militante político que cree en determinados preceptos básicos sobre los cuales debe erigirse una sociedad democrática. No se trata meramente de que a uno le haya tocado este debate tan de cerca por ser homosexual, ya que debido a una cuestión meramente generacional y social, que es tan azarosa como la orientación sexual, uno no ha sufrido actos discriminatorios. Por lo que debemos entender que estos combates deben ser encarados, por las distintas fuerzas progresistas y las organizaciones de la sociedad civil, desde paradigmas generales que nos incluyan y nos den sentido, en los que estas problemáticas sean incorporadas a un amplio abanico de reivindicaciones y banderas de justicia.

Es una gran satisfacción, personal y política, vivir estos avances y nos daremos cuenta de la inmensidad de lo obtenido en el mediano plazo, cuando podamos observar en perspectiva el fortalecimiento democrático que estas conquistas significan. Esta ley constituye un gran paso que deberá ser fortalecido cotidianamente por cada uno, barriendo prejuicios, parándonos ante cualquier acto de discriminación, sintiendo orgullo de nuestra condición, militando por una sociedad inclusiva y dando todos los debates necesarios. Estamos al fin y al cabo aprendiendo a vivir en democracia.

viernes 9 de julio de 2010

Si se callase el ruido...

"Si se callase el ruido" - Ismael Serrano

lunes 21 de junio de 2010

Igualdad, Matrimonio, Concejales


Luego de emitidas públicamente las opiniones de los concejales bahienses sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, aprobado por la Cámara de Diputados de la Nación, vemos desvirtuados conceptos fundamentales para una sociedad democrática. A su vez nos parece destacable que el HCD tome postura en debates de alcance nacional. Nos enorgullecen los planteos progresistas de varios ediles, pero al mismo tiempo notamos que frente al desconocimiento manifestado expresamente sobre el proyecto, algunos concejales se atrevieron a formular una opinión sin sustento alguno, cerrando así las puertas al debate. Por ejemplo, es falso e incorrecto introducir en la discusión el tema de la adopción, ya que la ley no trata directamente esta materia, y que las personas homosexuales, hoy día, pueden adoptar en su condición de solteros.

Consideramos que los derechos de las personas no son medibles en porcentajes, y las mayorías no pueden poseer más derechos que las minorías por su sola condición de tales. No se trata de una cuestión de “conveniencia” sino de igualdad y obligación por parte del Estado de otorgar los mismos derechos con los mismos nombres a todos sus ciudadanos. El matrimonio no constituye un sacramento como algunos opinaron, por lo que vemos negativo constituir una “figura jurídica diferente”.

Para los concejales que plantean que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una “imposición”, queremos remarcarles que la esencia de la Ley es la no imposición alguna ni “venta” de las formas de vida que cada uno tendría que seguir en pos de una supuesta “normalidad”. No es un debate conceptual sobre el significante “matrimonio”, ya que el Parlamento tiene la facultad de actualizar los conceptos de sus leyes, aspirando a una sociedad más justa. El Estado excedería sus funciones si pretendiera “incentivar” o “restringir” el modo en que las familias se constituyen, ya que estas no deben por qué tener una función meramente reproductiva lo que, en todo caso, queda en la decisión personal de los contrayentes.

Más allá de su pretensión de no discriminar, muchos dichos tuvieron connotaciones homofóbicas que constituyen actos discriminatorios como queda expuesto en los artículos 2.1 y 7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos suscripta por la República Argentina. Inevitablemente nos surgen algunas preguntas: ¿A que se hace referencia con “nuestra idiosincrasia”? ¿Qué es lo que se quiere “imponer”? ¿Por qué se cataloga como “parche” a un proyecto de Ley democrático?

En una especie de toque de queda sexual y afectiva, algunos que dicen defender la libertad individual terminan por condicionarla al “ámbito de la privacidad”, contradiciendo el artículo 19 de la Constitución Nacional. Los argumentos autoritarios esgrimidos contra ésta Ley son los mismos que se escucharon en los años 80, tras el retorno a la Democracia, al debatirse la Ley de Divorcio. Porque creemos en un debate responsable y serio, acercaremos el texto completo a los distintos bloques para que puedan, de esta forma, contar con las herramientas necesarias. La Ley no es una apología a la homosexualidad, es un llamado a la diversidad y al reconocimiento de una realidad cotidiana. Podemos entender el disenso, pero nunca aceptar aquellas posturas discriminatorias.


Voluntariado Mariano Moreno

viernes 28 de mayo de 2010

Jóvenes ante el Bicentenario

No podemos sentir más que emoción como argentinos ante el bicentenario de la Patria. 200 años de luchas y logros nos preceden en la construcción soberana de nuestro país, en el que los jóvenes tuvimos un rol destacado colocando en discusión a los poderes establecidos y soñando un futuro alejado de las cadenas opresoras. Sueños encarnados por una juventud con horizonte y ansias de cambio.

Abrigamos así un pasado por el que sentirnos orgullosos: de la lucha heroica de revolucionarios como Mariano Moreno y Juan José Castelli a la juventud universitaria que protagonizó la democratización de las universidades en 1918; de los jóvenes que enfrentaron a la máquina roquista del Régimen a las jornadas populares del Cordobazo en 1969.

Estos días deben servirnos no meramente como reflexión abstracta sino para inyectarnos de la necesaria visión progresista que nuestro pueblo necesita para completar el proyecto emancipador de Mayo. La historia es conflicto y por eso no debemos comprar las lecturas de nuestro pasado que se construyen homogéneamente desde postulados de consensos absolutos que son ficciones narrativas para que nada cambie.

Las viejas banderas emancipadoras son el horizonte necesario para que recuperemos la capacidad transformadora de la política y el debido contenido popular de nuestra democracia. Creemos que vale la pena recorrer ese camino. Creemos que es perentoria la reconstrucción de un proyecto nacional y popular que nos abrigue como argentinos. Pero también creemos que ese gran camino se transita cotidianamente, desde los lugares donde nos toca desenvolvernos: nuestra ciudad, Bahía Blanca, presa de los poderes corporativos y tan alejada de los sueños de Mayo.

Deberíamos usar la historia como herramienta de transformación para interrogarnos sobre nuestra propia cotidianeidad y proyectar en lo que nos respecta una ciudad más diversa, inclusiva y con memoria. Se trata de que todos encarnemos ese espíritu transformador tan presente a lo largo de nuestra historia nacional para que nuestro pasado no sea una simple postal de Billiken.


GRUPO 83

miércoles 31 de marzo de 2010

El Legado del Militante

La figura de Raúl Ricardo Alfonsín se agranda sin lugar a dudas con el paso del tiempo, como demostraron los justos homenajes recibidos y el cariño de miles de ciudadanos ante su partida. Como jóvenes, al cumplirse un año del fallecimiento del ex presidente, hacemos público nuestro reconocimiento a quien representó de manera más cabal las ansias de libertad, justicia y democracia del pueblo argentino. Hoy nos queda como legado generacional completar la senda trazada, alejándonos del Alfonsín de mármol que algunos pretenden construir y acercándonos al joven militante de carne y hueso que soñó con una Nación emancipada de las cadenas que la oprimen.

La importancia de recordar su figura radica en la necesidad que tenemos desde los distintos sectores progresistas de reformular y construir un proyecto político superador. El proceso abierto en 1983 fue el último en el que vastos sectores populares depositaron su esperanza de cambio para acabar con una matriz socioeconómica dependiente y una cultura política autoritaria generada por la dictadura genocida que intentábamos dejar atrás.

Hoy cuando su figura es reconocida y la Democracia no es discutida como logro, es necesario recordar que muchos dijeron que no, oponiéndose frontalmente a cualquier medida transformadora y haciendo todo lo posible para que la naciente democracia naufragara. Esos poderes corporativos siguen en la vida política de nuestro país, buscando por estos días retroceder a épocas humillantes, ya que son los mismos que resistieron a que se investigue realmente la fraudulenta Deuda Externa y que luego realizaron un golpe de mercado, los que se oponían a la ley de Divorcio sosteniendo que así se “destruía a la familia argentina”, los representantes de la Sociedad Rural que lo silbaron pero que nunca dudaron en firmar sendas proclamas de apoyo a las distintas dictaduras, los que querían impunidad y olvido para no ver a Videla, Massera y Agosti en el banquillo de acusados.

Por eso se trata de recuperar los sueños militantes y las banderas arriadas, para reformular como jóvenes los proyectos que construyan una Argentina distinta, la misma con la que soñó ese gran caudillo radical.

“Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática”

GRUPO 83
8 DE SEPTIEMBRE